
La aventura comenzó entre los árboles de este rincón mágico, donde los pequeños descubrieron con asombro las casitas de gnomos, hadas y duendes escondidas en la naturaleza. Sus caras de asombro lo decían todo mientras exploraban cada rincón verde y dejaban volar su imaginación.


Tras el paseo por el bosque, ya por las calles de Bureta, los peques pudieron comprobar cómo las “construcciones mágicas” habían llegado, incluso, hasta el pueblo… Allí, y tras un acto en el que aprovecharon para dar las Gracias a María, el día terminó con un divertidísimo rato de juego libre en el parque, donde corrieron, saltaron y soltaron toda su energía. Tanto fue así, que la vuelta en autobús se les hizo muy corta…






















