
Con orgullo, emoción y mucho, mucho cariño despedimos un año más a nuestras chicas y chicos de 2º de Bachillerato en su ceremonia de Graduación.
La mayoría de ellos llevan toda la vida con nosotros y, como parte de la familia marianista que son, celebramos todo lo que hemos compartido y les deseamos que la vida les sonría también fuera del colegio.
Un colegio en el que les recibiremos con los brazos abiertos por mucho tiempo que pase.













































































Queridas familias, queridos compañeros, querida comunidad marianista y queridísimos alumnos,
Llevamos todo el año diciendo que somos casa abierta y llegado este momento me doy cuenta de que cuesta menos abrir las abiertas para dejar entrar que para permitiros salir. No os habéis ido aún y ya tenemos nostalgia de vosotros, de vuestras risas, de vuestros agobios, de vuestro estar en el colegio.
Pero sé, por experiencia, que la vida no va de aferrarse y retener sino de acompañar y saber soltar llegado el momento. Así que espero que no recibáis mis palabras como amarres sino como un viento suave que sopla y os acompaña a salir de este puerto.
Porque os espera un mar inmenso, un mar por explorar. Os esperan muchos más puertos. Y para eso además os hemos estado preparando todos estos años. Para tener hambre de conocer, de experimentar, de vivir. Hambre de futuro y de ese horizonte que se atisba ya en vuestros ojos. No pretendo apagar ese fuego, pero sí soplar. Soplar para que ese conocimiento no os traiga soberbia sino generosidad y entrega. Habéis sido bendecidos con tantos dones (loas que habéis descubierto y los que os quedan por descubrir) que os invito a no esconderlos, antes bien a multiplicarlos y a dar fruto, unos 20, otros 30, otros 100.
Y del mismo modo que sé que os espera ese mar, sé que habrá escollos y tormentas y momentos de equivocar el rumbo. Deciros, que aunque suene contradictorio, equivocarse es acertar, equivocarse es aprender y forma parte de este viaje que es crecer y vivir. Eso sí, espero que, ante cada naufragio, pequeño o grande, tengáis el coraje de recomponeros, de pedir ayuda
si la necesitáis y volver a navegar de nuevo. Porque la grandeza de vuestro barco, a pesar de los cantos de sirena que os digan lo contrario, no está ni estará en su apariencia ni en los elogios que podáis recibir por tener una madera brillante y sin roces. La grandeza está en la honestidad de una madera curtida con el agua salada, los vientos y las tormentas, una madera capaz de
reconocer y recoger a los caídos, en lugar de acelerar el paso.Soplaros también que en el viaje que os espera serán necesarios faros y puertos donde recalar.
Permitidme deciros que ahí siempre estarán ellos, los que siempre han estado detrás de vosotros, tanto ayer (porque parece que fue ayer) acompañando vuestros primeros pasos como hoy en las gradas. Ellos, que ahora piensan que ya no los necesitáis. Pero se equivocan, porque los vais a necesitar siempre. Queridos padres y madres, os aseguro que seguís siendo su puerto
seguro aunque no lo sepan o a veces lo rechacen. Queridos alumnos, no os equivoquéis tampoco vosotros, porque aunque ellos no entiendan eso de six seven, su amor será refugio más de sesenta veces siete en vuestra vida.Y del mismo modo que vuestros padres, este colegio ha querido ser puerto seguro estos años.
Dicen que cada instante de felicidad de un niño se convierte en un poso de serenidad para toda la vida. Gracias, queridos compañeros, por brindarles tantos y tantos momentos de felicidad a lo largo de su historia en el colegio. Espero de corazón, queridos alumnos, que esos momentos sean un buen timón al que aferrarse para navegar con temple y no perder el rumbo.Sé que ahora os encantaría ser un galeón invencible, pero si me aceptáis la sugerencia no pongáis ahí el foco. Elegid un buen rumbo, unos buenos compañeros y confiad, tened fe. Lo demás se os dará por añadidura.
Y puestos a elegir bandera, os ofrezco 2. Una, la de la verdad. Como dice nuestro querido hidalgo Don Quijote “Id siempre de veras, aunque ellos vayan de burlas”. Intentad andar en verdad, aunque no siempre sea el camino más fácil y a la vez, procurad no transitar por la amargura y el rencor. Antes bien, elegid como segunda bandera la de la alegría, la verdadera alegría, no eso sentimiento fácil y bobalicón sino la alegría como actitud, como apuesta, como
modo de resistir. Sabed que quienes os quieren quienes os queremos volvemos a nacer al oíros reir.Por eso, mi último soplo es una poesía que en este momento es también un ruego, un regalo, una plegaria para vosostros:
Que la vida os deje cerca
De quienes recuerdan vuestros primeros llantos,
Vuestras primeras risas.
Que la vida os deje cerca,
Tan cerca como pueda,
De quienes os han visto rotos a carcajadas.
Su mirada es una grieta
Por donde se cuelan los mares
Que devuelven ese barco sin vela
A su hogar*
Hogar hemos querido ser
Y como tal os recibiremos
Cuando queráis volver.*Sara Búho
Asun Utande. Directora General


