Es el rito que marca el inicio de estos 40 días de introspección y de purificación, que consiste en la imposición en la frente de las cenizas obtenidas de la incineración de las ramas de olivo bendecidas del Domingo de Ramos del año anterior.
Se trata de un símbolo de esa disposición a la limpieza interior, el resultado del fuego que purifica, y que nos hace conscientes de esa necesidad de preparación para la Pascua que desde el colegio nos esforzamos por transmitirles a nuestros alumnos de todas las edades.









“Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”
Papa León XIV, sobre la Cuaresma de 2026
