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Un momento de reflexión...

Momento de la misericordia

 

                        Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios,

            Está escrito en el profeta Isaías: “Yo envío mi mensajero delante de ti / para que te prepare el camino. /  Una voz grita en el desierto: / Preparadle al camino al Señor, / allanad sus senderos”.

            Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les personasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo”.  (Mc 1,-8)

 

          Jesús tiene en gran estima a Juan Bautista y su misión de preparar el camino del Señor. Pero el mensaje de Juan necesitará ser de alguna manera corregido, completado y clarificado por Jesús.

          Juan habla de conversión de los pecados de modo inflexible; Jesús habla del amor, la misericordia y la compasión de Dios con todos.

          Juan Bautista nunca curó a un enfermo, nunca tocó a un leproso, nunca bendijo a un niño; él llamaba a la penitencia y a la conversión. Jesús veía el sufrimiento; para él el gran pecado es hacer sufrir o vivir indiferente al sufrimiento. Y se le ve por Galilea no con el índice de la mano levantado, recordando la ira de Dios y amenazando, sino que se le ve curando, abrazando, bendiciendo, aliviando el dolor y, sobre todo, haciendo un gran gesto, como era el de comer con los pecadores (F. Javier Sáez de Maturana).

          “Creo que es el momento de la misericordia”, dice el Papa Francisco. Afirma que el mundo de hoy necesita la misericordia, la compasión, es decir, “padecer con”. Reconoce que a veces la misma Iglesia cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales, pero mucha gente se queda fuera. Emplea la imagen de la Iglesia como hospital de campaña después de la batalla: ¡cuánta gente herida y destruida!. Subraya que “este es el tiempo de la misericordia”. Porque Dios es padre y madre, considera hoy necesaria la “revolución de la ternura”. Cada uno de nosotros tiene que decir: “Yo soy un desventurado, pero Dios me ama; entonces tengo que amar a los demás de la misma manera”

          Es necesario que nuestros juicios y decisiones estén siempre traspasados no por el espíritu de condena sino de misericordia.

          Juan Bautista ha tenido el valor de hacerse a un lado para que prevalezca el mensaje salvador de Jesús. Significa para nosotros que también tenemos que echar a un lado un espíritu de condenador o sacafaltas insoportable. Ser coherente con los propios principios no significa convertirse en un portador de continuas amenazas y condenas. Dejar que, en nuestra relación con los demás, entre el aire fresco de la escucha respetuosa. Que nuestra discrepancia pueda ser firmemente expresada, pero sin condenar irremisiblemente al que actúa de otra forma por convicción o por debilidad..

          Lo importante no es que me den la razón a mí, sino que se abra camino  el que puede más que yo y se haga la luz para todos..

                                                           Ignacio Otaño SM