Emailgelio

Un momento de reflexión...

Emailgelio 350 del 30 de septiembre 2018 – Domingo 26 del tiempo ordinario (B)

Un mismo aliento

En aquel tiempo dijo Juan a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros”. Jesús respondió: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”. (Mc 9, 37-42. 44)

 

            A los discípulos que intentan apartar de la tarea de hacer el bien a los que no son de los nuestros, Jesús les corrige haciéndoles ver que no hay que rechazar la contribución al bien del que no se declara creyente. Dos destacados teólogos alemanes del siglo XX, uno protestante y otro católico, Bultmann y Rahner, coinciden en resumir en una frase un principio evangélico claro: la causa del hombre es la causa de Dios. El creyente, si quiere ser consecuente con su fe, tiene que estar a favor de toda acción humanizadora, la impulse o no un cristiano.

            Al Papa Juan XXIII le proyectaron una película sobre el holocausto. Al terminar la película y ver aquellos cuerpos destrozados, dijo: “hoc est corpus Christi” (este es el cuerpo de Cristo), y se retiró a sus habitaciones a rezar. Se comprende así que el gran rabino de Roma, rodeado de otros muchos judíos, se pasara la última noche de Juan XXIII, la que precedió a su muerte, debajo de la ventana del pontífice rezando por él. Sabían que era de los suyos.

            Emmanuel Mounier (1905-1950), profundamente creyente e impulsor de  la corriente de pensamiento cristiano llamada personalismo, afirmaba que “en el futuro los hombres no se dividirán por creer o no creer en Dios, sino por la postura que tomen ante las víctimas de la tierra”.

En la misma línea, el Secretario general de Cáritas de España, Sebastián Mora, después de decir en una entrevista que la situación social antes de la crisis era ya tremendamente injusta porque excluía a mil millones de personas, afirmaba: “si no creo en las personas no puedo creer en Dios”.

Se ha dicho que la mayor tragedia de la humanidad es que “los que oran no hacen la revolución, y los que hacen la revolución no oran”. Según José Antonio Pagola, lo cierto es que hay quienes buscan a Dios sin preocuparse de buscar un mundo mejor y más humano. Y hay quienes se esfuerzan por construir una tierra nueva sin Dios.

Con gran respeto hacia el que no cree y con plena solidaridad con su esfuerzo por humanizar la vida, el creyente es llamado a la síntesis vital que el pastor protestante Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), ejecutado por los nazis, expresó así desde la cárcel: “solo puede creer en el reino de Dios quien ama a la tierra y a Dios en un mismo aliento”.

                                                           Ignacio Otaño SM