Emailgelio

Un momento de reflexión...

Emailgelio 342 del 5 agosto 2018 – Domingo 18 del tiempo ordinario (B)

Más que pan material

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. Jesús les contestó: “Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios”. Ellos le preguntaron: “¿Cómo podremos ocuparnos de los trabajos que Dios quiere?”. Respondió Jesús: “Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado”. Ellos le replicaron: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: ‘Les dio a comer pan del cielo’”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed”. (Jn 6,24-35).

 

            “Un columpio en el desierto” es el título de un libro de Mª Ángeles López Romero, persona muy vinculada a Manos Unidas. Explica cómo, en el desierto de Judea, en medio de un abanico infinito de carencias y atropellos, una comunidad discutía un día con la misionera reclamando columpios para que jugaran los niños. La misionera se resistía argumentando a ver cómo iba a justificar ante los bienhechores ese gasto cuando había otras necesidades más básicas que cubrir.

            La autora sostiene que “hay que seguir soñando con un mañana donde exista el juego y suenen las risas de los niños, aunque se pase hambre y falten médicos”. No se trata de defender un despilfarro irresponsable sino de “romper algunos tópicos y mitos sobre los países desfavorecidos y la ayuda al desarrollo”, porque “aun con la mejor intención, aplicamos el pragmatismo y la eficiencia como únicos criterios. Sin comprender la hermosa complejidad de la condición humana, su idéntica hambre de paz que de belleza”.

            La petición Danos siempre de ese pan dirigida a Jesús expresa que la necesidad humana no se reduce al pan material, aunque este siga siendo primordial. El jesuita catalán Víctor Codina, integrado desde hace muchos años en la realidad de los pobres de Bolivia, afirma: “El pueblo necesita pan, pero también flores y fiesta, trabajo y ternura, salud y respeto por la tierra, resistencia y esperanza. La liberación ha de ser integral. Por eso, muchos proyectos de desarrollo, pensados desde la razón progresista del Primer mundo, fracasan en América Latina si no tienen en cuenta la vertiente cultural y religiosa de los pueblos del Sur”.

            La fe nos alumbra, motiva y estimula. Habitualmente no es la luz cegadora de unos focos sino más bien de una linterna que nos ilumina en la medida en que avanzamos por el camino. Como dice el teólogo cardenal Walter Kasper, “es un mensaje de alegría, que nos sorprende sin cesar y nunca se agota”. Alimentarse del pan de vida, tratar de vivir y transmitir los valores evangélicos, es luchar contra el hambre y la sed de todo ser humano.

                                                                       Ignacio Otaño SM