Emailgelio

Un momento de reflexión...

Emailgelio 338 del 8 de julio de 2018 – Domingo 14 del tiempo ordinario (B)

Suscitar confianza

En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?” Y desconfiaban de él.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. (Mc 6,1-6)

 

            Los futboleros dicen que hay equipos que van a buscar fuera jugadores que cuestan mucho dinero y desaprovechan talentos de la propia cantera. No se aprecia lo que se tiene en casa.

            Eso sucede también a menudo en nuestra vida cotidiana. Podemos llegar a infravalorar el esfuerzo y las virtudes de quien vive con nosotros simplemente porque lo estamos viendo todos los días.

            A los paisanos de Jesús les parece inverosímil que aquel vecino suyo, con el que se encontraban cada día en cualquier parte, atesore tanta sabiduría y consiga la transformación a mejor de las personas. En lugar de felicitarse y dar gracias, desconfiaban de él.

            Eso era un obstáculo a la acción de Jesús hasta el punto que no pudo hacer allí ningún milagro. Pero esa desconfianza ambiental no le paraliza.  Él sigue curando a los que puede y se dejan. Le extraña la desconfianza de muchos pero no renuncia a hacer el bien,

            Nos podemos encontrar con un ambiente hostil, incluso entre los más cercanos. No es razón para dispensarse de procurar hacer el bien. Precisamente la persistencia en el bien, en medio de las adversidades y rechazos, es el mejor medio de vencer la desconfianza con la confianza. Podremos estar en desacuerdo en algunas cosas incluso importantes, extrañarnos de ciertas actitudes, pero no hay duda de que queremos a las personas sin poner condiciones previas. Podrán fiarse siempre de nosotros.

            Jesús dice que le desprecian por ser profeta. No le aguantan los de su propia tierra. Ser profeta no significa vivir en la conflictividad permanente ni pasarse todo el tiempo provocando al que piensa distinto. Pero sí conlleva un intento de coherencia de vida con humildad y constancia a la vez. Nuestras propias contradicciones no nos tienen que desanimar sino ayudarnos a ser comprensivos con los demás. La comprensión, saber ponerse en el lugar del otro, es una forma de ejercer el profetismo. Lo que tenemos que vivir y testimoniar, como Jesús, es la ternura de Dios.

            Tomarse con humor, no ponerse solemne para proclamar que uno es cristiano, relativizar los propios fallos para poder encajar misericordiosamente los de los demás. El teólogo José María Díez-Alegría (1911-2010), escribió a sus 93 años un libro titulado “Fiarse de Dios, reírse de uno mismo”. El chileno Segundo Galilea (1928-2010), en un libro sobre el camino de la espiritualidad, afirma que “no hay espiritualidad cristiana sin sentido del humor”.

                                                           Ignacio Otaño SM