Emailgelio

Un momento de reflexión...

Emailgelio 330  del 13 de mayo de 2018 – Ascensión del Señor (B)

Signos compasivos

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán en mi nombre demonios, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos”.

                        El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

                        Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban. (Mc 16, 15-20)

 

            Otto Hahn (1879-1968) recibió en 1944 el Premio Nobel de Química por ser el inventor de la fisión del átomo de uranio. Un año más tarde, en 1945, ocurrió la destrucción de Hiroshima con la primera bomba atómica de fisión. Al conocer esta noticia, el científico alemán intentó suicidarse. Dijo: “Acabo de advertir que mi vida carece de sentido. He investigado por puro deseo de revelar las verdades de las cosas, y todo aquel saber científico acaba de convertirse en un enorme poder aniquilador”.

            Estaba reconociendo que el progreso de la humanidad verdadero no se puede conseguir solo con los descubrimientos científicos si estos se desentienden de sus efectos humanizadores o deshumanizadores. Con razón ha escrito la profesora universitaria de Ética Adela Cortina:: “Educar para nuestro tiempo exige formar ciudadanos compasivos, capaces de asumir la perspectiva de los que sufren, pero sobre todo de comprometerse con ellos”.

            Jesús deja a sus discípulos el encargo de proclamar el evangelio con signos compasivos de humanidad, liberadores de esclavitudes de toda clase, propulsores de un modo de vivir más humano, sanadores de enfermedades.

            Puede haber quien sospeche que la “compasión” es un deseo más piadoso que eficaz para mover el mundo, más propio de personas con poco sentido empresarial que de ejecutivos con objetivos decididos y claros, que no se andan con contemplaciones.

            Sin embargo, del mismo mundo empresarial hay voces autorizadas que abogan por la “cultura de la compasión”. Es el caso del profesor de la universidad de Lancaster Michael West que, en una conferencia dada en Bilbao en noviembre de 2016, afirmaba que hacen falta líderes compasivos, trabajadores compasivos y también una sociedad más compasiva. “Hay que tratar de establecer culturas de compasión. En la sanidad, por ejemplo, eso implica cuatro elementos: atender al cliente, escucharle con sumo interés, entender la situación por la que pasa y mostrarnos empáticos”. Para él, fenómenos como el Brexit o el apoyo popular a Trump fueron síntomas de una sociedad enferma de miedo. “Y la única solución ante esto es renovar nuestros esfuerzos para ser compasivos y desactivar ese miedo”.

            Por tanto, levantar la mirada: la persona humana no es un simple objeto de laboratorio. Tiene un valor y unas necesidades vitales que deben prevalecer sobre cualquier otra consideración si se quiere avanzar en humanidad.

Ignacio Otaño SM.